viernes, 23 de marzo de 2012

STANDBY

Pasa un año desde la última entrada y vuelvo a pensar en que realmente me divertía escribir en este blog. Ahora escribo –también a trancas y barrancas– en el blog de Altuna & Victoria, pero no es lo mismo... En los "blogs corporativos" no puedes decir lo que se te sale de los cojones y los contenidos son "divulgativos y útiles, relacionados con la actividad profesional". Mierda para el arte y la diversión, salvo para los genios y los valientes –tal vez en la próxima vida– . Me tienta comenzar de cero en otro blog y me tienta no usar mi propio nombre; me tienta cambiarme el nombre en el registro civil y tal vez lo haga, pero ese es otro asunto. De momento, Standby.

lunes, 19 de julio de 2010

UNA HAPPY TARDE DE VERANO

Pintan 28 grados, demasiados para mi piel y para mi cabeza y mi coronilla, demasiados para una mente perdida en orientes lejanos y un cuerpo de clima frío. ¿Qué sentido tiene buscar aires acondicionados en un julio que, a pesar de todo, siempre vuelve? Intuyo la luz natural a un par de metros, en la ventana de un bar absurdo lleno de un montón de adornos indios también absurdos. El exterior es hoy tan verdadero como lo es la muerte. Al menos hasta que el sol se vaya. Tal vez entonces vuelva a encontrarte.

lunes, 3 de mayo de 2010

LEONEL

Si quieres ver a Leonel tienes que ir a su casa porque él siempre está allí, al menos siempre que alguien va a visitarlo. Si me preguntas dónde vive, no te lo puedo decir, porque no lo sé; su calle no tiene placas con el nombre ni números en los portales, así que simplemente la encuentras cuando quieres hacerlo. Creo que Leonel siempre quiso vivir en un lugar al que no se pudiera llegar por casualidad, y de un modo u otro lo consiguió. Cada vez que quiero pasar un rato con él me pongo en marcha sin pensar en qué camino debo seguir; en coche, en bicicleta o a pie: no importa si salgo de mi apartamento en Bilbao o de una reunión cerca de la Avenida Diagonal; sólo conduzco o pedaleo o camino, y antes de que hayan pasado diez o quince minutos ya estoy allí, delante del jardín que tan cuidado tiene siempre. A veces lo encuentro podando los rosales mientras tararea alguna canción de Sinatra, o tomándose un café bajo el soportal de madera, atento a mi llegada, sin sorprenderse nunca. Una vez me dijo que si quería llegar en autobús tomara uno con número par y me bajase en la tercera parada. Lo he hecho alguna vez, desde distintos lugares, y al bajar del autobús nunca he tenido que caminar más tiempo del que tardo en fumarme un cigarrillo para llegar hasta la casa. Mi hermano dice que en abril de 1998, estando por un asunto de trabajo en Tokio, sintió la necesidad de hablar con Leonel (que es nuestro tío, por si no lo había mencionado), así que se metió en una boca de metro, subió a uno de los trenes, y tres estaciones después, al salir a la superficie, se encontró en medio de un parque, caminó por un sendero y al poco se encontró con Leonel, que lo estaba esperando con la cena en la mesa.

miércoles, 7 de abril de 2010

VIKRAM CHANDRA, EL REENCUENTRO Y UN MONO MECANÓGRAFO

La literatura hindú contemporánea, la que nos llega a través de traducciones aceptables después de consolidarse ampliamente en el ámbito anglosajón –cosas de la Commonwealth- pertenece a un territorio poco conocido por el lector de habla española.
A los hindúes les gustan las historias largas con dioses y serpientes, batallas, nobleza, traición, música –mucha música- y canciones; las historias con amor de madre, amor a la patria y amor romántico, con sabor a chappatis y especias, con mundos en trance de ser destruidos y gentes humildes pero sabias que unas veces se reencarnan en Brahmanes y otras en un mono descarado y ladrón que, al recibir un disparo vengativo, toma conciencia de su anterior existencia y escribe su historia en una vieja máquina de escribir para asombro de todos. Porque es así, con la toma de conciencia de un mono, como comienza Tierra roja y lluvia torrencial, de Vikram Chandra.
A Chandra lo conocí por casualidad -como suele ocurrir con los autores a los que más queremos- hará unos diez años, cuando trabajaba en Espasa y entre el lote de libros que me correspondía cada mes me encontré con Amor y añoranza en Bombay, un libro de relatos que comencé a leer sin demasiadas expectativas y que me enamoró por su calidad, por su ternura, y también por la crudeza con la que se describían desde la mirada cotidiana las glorias y miserias de la sociedad india actual.
De entre los relatos que componían Amor y añoranza… me gustó especialmente uno protagonizado por un policía recién divorciado cuya existencia se debatía entre el recuerdo vívido y doloroso del amor perdido y su contacto diario con criminales de todo tipo. Sartaj Singh -así se llamaba el policía- es uno de los personajes mejor perfilados con los que me he topado jamás, y lamenté mucho no saber más de él cuando terminé de leer el relato en cuestión. Recuerdo que lo leí varias veces pensando en todo el juego que daba este personaje, en lo mucho que me hubiera gustado saber cómo sería su vida después del atisbo breve e intenso de aquellas páginas.
La cosa quedó ahí, hasta que en el año 2007 Chandra publicó una novela monumental de cuya existencia no tuve noticia hasta dos años después (las lecturas cruzadas tienen eso, que no te fijas tanto en las mesas de novedades como en las ediciones de bolsillo, al menos en mi caso), cuando me encontré con Juegos sagrados en el salón de mis padres: mira, Vikram Chandra, pensé, y al ojear el libro descubrí que el protagonista no era otro que mi añorado policía, ahora ascendido a inspector, que se las ve con el mafioso más poderoso de Bombay y con sus propios fantasmas a lo largo de más de mil páginas.
Porque si aquí hay una cosa cierta es que mil páginas de Vikram Chandra dan para mucho. Eso sí: uno debe estar dispuesto a sacrificar cierta velocidad de lectura para consultar a menudo el extenso glosario de términos en sánscrito, urdu, hindí y otras lenguas de la India que se incluye al final de cada libro de este autor. Si se acepta el desafío, el lector se verá recompensado muy pronto por el ritmo de la acción y su extraordinaria riqueza de matices; por una prosa culta y desinhibida que te agarra de la solapa para llevarte por sucios burdeles, cocinas humeantes, despachos ministeriales, calabozos, calles donde la individualidad es anecdótica o los lujosos apartamentos de las estrellas de Bollywood.
Y así es como he llegado hasta un mono al que un disparo le despierta la conciencia, como siempre, a destiempo, pues Tierra roja y lluvia torencial es el primer libro de Chandra que se publicó en español ¿o tal vez no?

lunes, 22 de febrero de 2010

LA ESCRITURA DEL HORROR

Un título que ni pintado para la entradilla que venía a continuación. ¿Acaso la lívido era un travesti muy pálido que preocupaba especialmente a los dictadores del siglo XX? ¿Por qué cada día aparecen más y más fallos (que no son erratas) como este en la prensa? ¿Y por qué ya ni siquiera me quedo lívido del susto al descubrirlos? Ya no sé qué pensar, francamente. ¿Tan ciegamente se confía en los correctores ortográficos informáticos o es que no existe ya la figura del corrector humano en los diarios?

O tal vez sí existe, pero no se percata de semejantes horrores (!)

Este ejemplo está tomado de EL PAÍS SEMANAL de ayer (basta con hacer click en la foto si no se ve claramente) pero aquí no se libra nadie. Feliz lunes.

domingo, 31 de enero de 2010

EL LIBRO ELECTRÓNICO (II)

Gran parte de las obras que conforman el acervo cultural de la Humanidad se han conservado a través de los siglos imprimidas en papel y, si bien es cierto que muchas otras se han perdido irremediablemente, parece que las palabras y los pensamientos se las han arreglado bastante bien para perdurar en el tiempo gracias a este soporte milenario y, posteriormente, gracias a la invención de la imprenta.

Escribo en un ordenador desde hace muchos años, como casi todo el mundo. Me resulta muy limpio, ligero y útil, sobre todo teniendo en cuenta lo difícil que me resulta descifrar mi propia letra pasado un tiempo. Sigo considerando, no obstante, que el soporte digital es inseguro, así que imprimo y conservo en papel las cosas importantes para leerlas después con mayor comodidad y también para llevar a cabo correcciones, ya que las erratas y errores no suelen ser tan evidentes en la pantalla como sobre el papel.

Actualmente, el archivo digital resulta imprescindible durante el desarrollo del proceso editorial, pero en ningún caso puede ser considerado como un sustituto del papel como soporte para la divulgación del libro (y no es que no tenga pensado vender algunos de mis trabajos en formato PDF, para facilitar su divulgación, pero se trata únicamente de una opción más). Por otra parte, es más fácil extraviar un ebook y todo el material que contiene que una biblioteca de 300, 1000, o 5000 volúmenes. Y, recordando a Ballard, ¿qué ocurriría si el mundo tal y cómo lo conocemos desapareciera y las sociedades humanas regresaran a un nuevo medievo (ahora no estoy pensando en ciertos países musulmanes) en el que no tuviera uso, por ejemplo, la electricidad? Pues ocurriría simplemente que los medios y soportes digitales (y los electromagnéticos) no funcionarían y que se perdería toda la información contenida en ellos. Los libros no precisan de energía para funcionar, pueden ser leídos a la luz del fuego y, en caso de necesidad, alimentar unas llamas moribundas para darnos calor. Hay quien se ha referido a ellos como a la rueda: una invención perfecta en la que pueden ser introducidas ciertas mejoras en tanto evolucionen los materiales que la componen, cosa que el (mal llamado) libro electrónico no hace.

La próxima mini-entrega de “El libro electrónico” estará dedicada al impacto ecológico que supone el invento; la siguiente, a los derechos de autor.

Este análisis puede resultar poco profundo, pero qué queréis, los textos largos no se leen bien en la pantalla de un ordenador.

lunes, 25 de enero de 2010

DE MADRID AL CIELO

Otra tarde que se prolonga en el aeropuerto. A estas alturas no hace falta que explique que me siento a gusto en la promesa del vuelo, aunque el destino sea nada más que lo cotidiano. He pasado los últimos días en Madrid, visitando Fitur, con un viernes intenso y provechoso seguido de un sábado y un domingo agobiantísimos (los domingueros pueden acabar y acaban con la paciencia y la salud de cualquiera) y un lunes, hoy, rematado con contactos interesantes que me hacen volver a casa con las satisfacción del deber cumplido.

Estos días de comer solo me recuerdan a los viajes de verdad, aquellos en los que te concentras en conocer gente y disfrutas haciéndolo, porque no tienes a nadie que te distraiga.

Volaré con el último libro de Kenzaburo Oé publicado en español: Renacimiento, basado en el suicidio de Itami Juzo, el prestigioso cineasta y cuñado del Nóbel, quien se atrevió a denunciar las actividades de la jakuza y, según se dice, pagó cara la osadía.

¡Vaya! Por ahí se acerca un japonés.

viernes, 8 de enero de 2010

LEVANDO ANCLAS CON ROGE BLASCO

Levando Anclas, el programa radiofónico dedicado a los viajes que conduce Roge Blasco y que cumple ahora 25 años de emisión, es un clásico dentro de la programación de Radio Euskadi. Este próximo domingo día 10 de enero tendré el placer de asistir al programa para charlar con Roge sobre los países del Sudeste Asiático y mostrarle algunas de las fotografías que he tomado durante los últimos años en el que sigue siendo mi rincón favorito del mundo. Levando Anclas se emite de 10 a 12 de la noche y, en principio, mi intervención tendrá lugar hacia el ecuador del programa, sobre las 11, prolongándose durante unos 15 minutos. Para quienes me leéis desde lugares donde no se sintoniza Radio Euskadi y os apetezca acompañarme, tenéis un enlace directo en la cabecera del blog (en rojo).

La fotografía es de Bangkok, primavera de 2008.